EL PAPEL HIGIÉNICO EN LA ESPAÑA DE LOS 50 Y 60.

UNA VISITA AL ZOOLÓGICO.

Tras la II Guerra Mundial se populariza un producto hasta entonces considerado de lujo y para uso exclusivo de la gente adinerada: el rollo de papel higiénico.

Su aparición pondría fin a las páginas de papel de periódico cortadas a tamaño de media cuartilla y que colgaban de un gancho metálico para ser utilizadas para tan noble e higiénico propósito.

En España el primer rollo  disponible en el mercado fué El Elefante, fabricado por Papelera Española.
Hay que dejar constancia de que el nombre le fué otorgado por la sabiduría popular dado que el producto no presentaba marca ni nombre alguno, unicamente la leyenda “400 hojas” calculadas a ojo de buen cubero puesto que no estaban perforadas, y la imagen de un elefante (Rojo !) impreso sobre papel celofán amarillo.
El papel era de color marrón claro y su característica principal era la diferencia entre sus dos caras. Mientras una era mate y de superficie rasposa, la otra era satinada debido probablemente a los cilindros de la máquina que lo fabricaba lo que anulaba cualquier efecto absorvente.
Se decía popularmente que esa cara lisa y suave más que limpiar, esparcía.

Los rollos se vendían individualmente. No estaban los tiempos para alegrías y el personal vivía más preocupado por ver que podía echarse a la boca que de como asearse a la moda.

Pronto, la imagen del elefante rojo sobre fondo amarillo, (hay quien quiere ver los colores de la bandera patria) gozó de una enorme popularidad. Tanto es así que otros fabricantes, aprovechándose de la coyuntura, empezaron a fabricar rollos de papel de una calidad parecida utilizando imágenes de animales similares.

Pronto salió El Hipopótamo, otro paquidermo igualmente rojo sobre celofán amarillo cuyo nombre tampoco constaba en el rollo y que copiaba casi exactamente los números y las letras de “400 Hojas” llevando a la confusión al público que, viendo un animal grandote de aquellos colores en las estanterías, lo compraba creyendo que era El Elefante.

Para cerrar el ciclo de animales de peso, Papelera de Jaén , S.A. lanzó al mercado El Brontops, un animal prehistórico mitad elefante mitad rinoceronte, oriundo de América y Asia y extinguido hacía unos cuantos millones de años.
Es de elogiar la labor del anónimo dibujante ignorando sus fuentes de inspiración que desembocaron en un animalote de dificilmente clasificable.
Esta vez sí se incluyó el nombre de la marca siguiendo con la imagen de color rojo sobre fondo amarillo que parecía imprescindible.
Tras los paquidermos llegaron los équidos: (La Cebra) los  cérvidos (El Ciervo), los felinos (El Tigre, La Pantera), las aves (El Mirlo, El avestruz), los cánidos (El Coyote), bóvidos (El Toro), reptiles (El Caimán) y algún otro que se nos habrá escapado.

Tras semejante exposición zoológica y la aparición de la celulosa, los nombres se dulcificaron
enormemente y aparecieron La Amapola, El Monigote, Ideal, El Enanito, La Pajarita etc. alternando el típico dibujo rojo con otros a todo color o monocromos pero con el fonde de papel blanco.

Hubo no obstante quién no se resignó a prescindir del atractivo que siempre ofrece el mundo animal lanzando al mercado El Lorito y Los cisnes que, desposídos del característico celofan amarillo pasaron sin pena ni gloria.

Pero eso ya es otra historia…

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