POR EL CHOCOLATE HACIA DIOS

Chocolate Nuestra Señora de la Caridad

VIRGENES Y SANTOS EN TABLETAS.

Se calcula que fué hacia 1520 cuando el chocolate llegó a España de mano de los conquistadores que venían de México.

Pese a que tuvo una excelente aceptación, no tardó en convertirse en fuente de viva discusión dentro de la Iglesia ya que, mientras había quién consideraba que podía tomarse durante el ayuno, había quien manifestaba todo lo contrario. El chocolate, en realidad, se había teologizado muy pronto, por decirlo así, y su teología había llegado a adquirir tanta importancia como las cuestiones de si los indígenas tenían alma.

Los teólogos españoles acogieron en principio muy bien la exótica bebida, pero, más tarde, vinieron las dudas sobre si rompía el ayuno.

Como las discusiones resultaban interminables, se decidió acudir a Paulo V, quien, después de haber probado una tacita del líquido en cuestión, sentenció: Hoc non frangit jejunium (Esto no rompe el ayuno); y Gregorio XIII se pronunció en el mismo sentido, de todos modos la sentencia definitiva fué del cardenal italiano Brancaccio: De usu et potu chocolatam ditriba, un título que debió de hacer relamerse de placer a todos los golosos de la época y que amparaba la misma tesis: el chocolate es un líquido y «los líquidos son permitidos durante la cuaresma y los días de ayuno».

Quizá por haber sido origen de encendidos enfrentamientos hasta llegar a la más golosa conclusión, el chocolate se ha asociado a la imagen picarona del fraile gordinflón goteando chocolate por la comisura de los labios mientras engulle un enorme tazón de tan delicioso manjar.

A partir de mediados del siglo XIX España se llena de pequeñas industrias chocolateras que producían cantidades ingentes de tabletas de chocolate destinadas al gran público.

Muchas de ellas, quizá por una inconsciente conexión religiosa, registraron sus marcas con toda clase de vírgenes, santos y otros personajes y elementos eclesiásticos.


Vírgenes por doquier: La Virgen de los Reyes (Sevilla), La Virgen de la Victoria (Quintanar de la Orden, Toledo), La Virgen de la Luz (Arroyo del Puerco, Cáceres), Nuesta Sra. del Rosario (Benavides de Órbigo, León), Nuestra Sra. de las Candelas (Medina del Campo), Nuestra Sra. de la Salud (Valencia), La Virgen de la Caridad (Villajoyosa), La Virgen de la Cabeza (Puente Genil)


Santos a troche y moche: San Fernando, Santa Teresa, San Cristóbal, Santa Ana, San Pedro, Santa Engracia, San Jorge, Santa Rita, San Isidro, Santa Cecilia, San José, Santa Juliana, San Martín, San Blas, San Luis, San Vicente, San Antonio, San Marcos.


Incluso Jesús se vió involucrado en esta profusión mercantil: Santo Cristo de Limpias (Astorga, León), El Santo Rostro (Jaén), El Cristo de Villajos, El Sagrado Corazón (Madrid) etc.


Aunque lo de los patronazgos no es una ciencia exacta, no deja de resultar curioso que Virgen de las Nieves sea una marca de chocolate de Villajoyosa (Alicante) y que La Virgen del Carmen, siendo la patrona de los marineros, fuera una marca… de Valladolid.


Daría mucho que hablar los maravillosos cromos que solían acompañar a estas tabletas de chocolate, pero eso…es otra historia.

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